*05-08-20 (53 días de encierro)

Este era un año que para mi se perfilaba con muchísima actividad, y ahora, no me queda de otra mas que aplazar y retrasar todos los planes. Mi cuarentena empezó el 16 de marzo….ya llevo 53 días aislado completamente de todo. Las primeras semanas del confinamiento estuve muy preocupado por la incertidumbre de las cosas — Arregle mi situación de víveres y me encerré, pero no tenia muy claro que mas hacer, pensando mucho en la catastrófica realidad que tenemos enfrente.

Hay sobredosis de información y opiniones en todos los medios — Algunas buenas, pero la mayoría malas por falta de conocimiento medico acerca de la realidad de este virus. Y por encima, la incertidumbre de no saber como sera el futuro inmediato, ya que estamos a punto de dar un salto imprevisto hacia el futuro — Apunto de despedirnos del mundo que conocemos y de nuestra forma de vivir y entrar a nueva realidad.

¿Que va a pasar cuando todo esto termine?

¿El orden de las cosas a nivel mundial se reestablecerá?

¿Que pasara con los bares?

¿Los restaurantes?

¿Las discotecas? ¿Conciertos? ¿Estadios?

¿Y que pasara con el transporte publico?… Lugares donde se solía amontonar a las personas casi encima de cada uno, como en los buses, trenes y aviones. ¿Se tendrá que replantear la forma de movernos?

Por eso mismo pienso que esta crisis va para largo y supongo que con el paso de los días nos iremos acostumbrando a este nuevo ritmo de vida. Aunque la vida sedentaria es peligrosa, y estar en buena forma física y mental es fundamental. No nos quedará de otra más que re-programar nuestra manera de vivir.

Leo mucho sobre la Segunda Guerra Mundial, y encuentro inquietantes paralelismos con muchas cosas que están sucediendo a nivel global. Lecciones que muchos ya han olvidado — y algunos han tratado de que las olvidemos completamente. Existen muchos lobos acechando, dando vueltas a nuestro alrededor. Buscando formas de aprovecharse de la vulnerabilidad global y usar esta crisis para consolidar mas poder. Buscando formas de implementar el fascismo a un nivel mas grande.

Veo lecciones similares en la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial centrada en el Estado del bienestar. Donde países Europeos colectivamente pusieron énfasis a la importancia del bienestar común — Beneficios económicos y sociales que algunos seguidores fieles de la supuestas leyes del mercado y el turbo capitalismo nunca reconocerán. La importancia y urgencia de que el Estado sea el encargado de sostener las economías, seguridad social, sanidad, salud pública etc…. Esos conceptos serán cruciales para poder enfrentar futuras crisis.

Desde mi punto de vista, acá en New York City, estoy viendo lo importante que son los servicios públicos y que, como sociedad, tendremos que poner mas énfasis a la sanidad publica en lo que sera esta nueva etapa de nuestra historia humana — Y al mismo tiempo sera importantísimo como seres humanos restablecer nuestra espiritualidad y el respeto por la naturaleza…. Apreciar mas nuestro alrededor. Nos creiamos invulnerables — Y este virus esta revelando nuestra fragilidad. Esta pandemia nos lleva a ponernos mas humildes, y a sentirnos mas pequeños. El mundo va a cambiar después de esto y la percepción de lo que realmente significa “existir” sera mejor. Pienso que sera de las pocas cosas positivas que vamos a sacar de esta crisis.

A nivel personal tengo mis altibajos. Tengo algunos días buenos y otros días down…. me paso días sin afeitarme, dejándome crecer la barba, la cual no me gusta — estoy acostumbrado a mantener mi cara siempre limpia y afeitada, mas que todo, por que me crece súper rápido….es un fastidio. Tener un rostro limpio siempre a sido parte de mi carta de presentación — pero tal vez algún día me la dejaré crecer completamente, quizás cuando llegue a mis 60s. Pero en estos días que no tengo que lidiar con el público no existe urgencia por mantener mi look habitual.

Con tantos días de encierro, ya echo de menos mi rutina urbana —Es que soy muy urbanista, extraño mucho caminar por esas gastadas calles de New York… Entrar a un bar, ordenar un Mezcal Negroni, o compartir una botella de Monastrell, o Tempranillo con buena compañía. Extraño aquellos bares de Jazz típicos de New York City que se han convertido en parte central de mi vida nocturna.

Me siento como Joaquin Sabina en su canción Lo Niego todo: “Me echaron de los bares que usuba de oficina.”

Quizás, lo que mas beneficio tiene este confinamiento es que me estoy poniendo mas al día con la musa y dejando que ella me busque y me hable. Siento que la estoy escuchando mejor sin el ruido y las distracciones de la rutina diaria. Evitando cosas que paralizan la creatividad.

Y al mismo tiempo, es súper fundamental continuar inmerso en esta trayectoria de sanación que estoy viviendo, tanto en lo personal como en lo existencial y creativo.

Paso los días escribiendo mucho, tarareando en este guion que estoy escribiendo, y al mismo tiempo dandole forma a una novela que lenta y simultáneamente estoy estructurando, inspirada por la vida de mi madre, utilizando su vida como base, alrededor de los años 70s, 80s y 90s, con el trasfondo histórico de los principios del narcotrafico en Bolivia. Mis intensas y personales conversaciones con mamá durante tantos años me están sirviendo como una invaluable fuente de información. Pero necesito ir estructurando mejor mis ideas — tejer un hilo narrativo mas claro y preciso. Acercarme más hacia el concepto de Nietzsche de el eterno regreso. Creo que lo que necesito es instalarme en un lugar aislado por unos 8 meses y poder escribirla completamente. Una cabaña en las montañas o en una casa de campo seria ideal. Pero eso es algo que atacare mas adelante.

Voy sobrellevando el encierro como puedo, apoyandome de las personas importantes a mi alrededor — como mi hermana, mi hija y mi pareja…. y algunos amigos cercanos. Mantener una comunicación directa y frecuente con ellos es importante. Pero la inquietud de no poder viajar a Virginia para ver a mi hermana y a mi hija es agobiante….

El contacto físico que no estoy teniendo ahora sera lo primordial que buscare cuando todo esto termine — y una vez las cosas empiezen a volver a la normalidad, pienso retomar los planes estancados por la crisis: Ver mas seguido a mi hermana, y llevar a mi hija a una tienda de vinilos, elegir y comprar discos juntos — luego pasarnos a tomar unos cocteles, entre padre e hija como nos hemos prometido. Ella heredo mi passion por la buena música y es coleccionista de vinilos igual que yo. Así que nuestras conversaciones musicales son intensas.

Es importantísimo usar este tiempo de confinamiento para ponerme al día con mi lista inmensa de películas que tengo pendiente. De mis libros amontonados en lista de espera para leer. Lista de cosas que tengo que hacer… ir tachándolas. Y cuando me encuentro con pensamientos negativos en estos días de encierro, el cine y la música le dan un toque de luz a los días grises. Me encuentro con algunos de mis discos favoritos que no pasan de moda y los estoy volviendo a escuchar. Esas cosas son mi refugio intellectual. Y aunque suene raro, la música y mi colección de films me están salvando de no caer en el desquicio.

Ultimamente llevo escuchando música de mi adolescencia, discos emblemáticos de mis años locos….vinilos de U2 (Pop y Achtung Baby), Draco Rosa (Vagabundo), Oasis (Whats the Story-Morning Glory?), y los Greatest Hits de Foo Fighters, Red Hot Chilli Peppers y Green Day. Esas grabaciones son obras cumbres, no solo en lo musical si no también en lo lírico…. y me traen recuerdos de aquellos años locos, cuando yo era un salvaje…. (bueno, creo en cierta forma, sigo siendo un salvaje). Escuchar esos vinilos durante este encierro es como hacer un ejercicio de arqueología, sobre todo cuando se trata de lindas ediciones en vinilo, que siempre me regresan a lugares y momentos felices de mi pasado.

En resumen, estoy usando estos tiempos de confinamiento, para hacer un honesto análisis, hacer recuento y ver lo que va quedando con el paso de los años. Y reflexionar sobre los vaivenes de mi vida pirata — pensar que todavia me queda tiempo… quizás no mucho, pero aun me queda tiempo para ser un mejor humano.

El soundtrack de estos 53 días de encierro.

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